Luces imborrables ¿Qué hace que una imagen, una fragancia o un sonido se impregne en tu mente? ¿Con qué combinación fantástica se entrelazan las vidas de las personas, cuales hilos luminosos, para generar un resplandor? Pero, sobre todo, ¿cuántas de estas luces pueden iluminar cuales faros imborrables cada paso de tu vida? Un camino dibujado, de esos que si volteamos a lo lejos podemos verlo serpenteando entre los escondites de nuestras verdades. En mi caso, solo bastó un lápiz y un sentimiento. Ángeles que utilizando carboncillo iluminaron mi vida y lograron tocarme en lo mas preciado e importante de mi. Divinas apariciones que supieron decifrarme para dejar una caricia en el alma y se fueron no sin antes dejar una luz en aquella idea que alguien pondría en palabras una tarde luego de un café y una lágrima. *** Cerca de aquel parque que aún suelo frecuentar, empecé a ir todas las tardes a estudiar inglés. Fueron casi 4  años los que pase no solo aprendiendo un idioma. El instituto era más que una de esas casas pintorescas remodeladas para la enseñanza. Tenía dos pisos, pero era sumamente extensa. Alrededor de 20 salones conversaban entre ellos acompañados por un parque interno, comedor y oficinas, todas con un aire acogedor. Lo cierto es que era casi como estar en una segunda casa. Disfrutaba estar ahí, no lo sentía como una extensión de mis clases. Al contrario, era como un escape a la ya conocida rutina semanal de los salones escolares y profesores repetitivos. Una oportunidad para conocer nuevas personas cada mes y abrir puertas no solo de salones desconocidos y únicos sino también de historias inesperadas. Fue en uno de estos primeros ciclos que conocí a la primera chica que dejaría un recuerdo en mi vida. Aún logro esbozarla en mi mente. Era del tipo de chicas difíciles de olvidar. Su cabello almendrado era acompañado por una mirada dulce, animada y cenicienta. Nos distanciaba un año de edad pero era como si nos conociéramos de siempre. Solíamos llegar 15 minutos antes y ella estaba ahí esperando para conversar de lo mas cosas mas tontas pero a la vez tan divertidas que puede tener una vida simple como las nuestras. Llego el último día del ciclo y ella sutil pero segura tomó mi libro en plena clase. Abrió la cubierta y cogió un lápiz de esos amarillos con un adorno gracioso alrededor. Empezó a escribir mientras una sonrisa también se dibujaba en su rostro procurando que no pudiera ver nada. Luego de un par de minutos me devolvió el libro cerrado, pero al querer yo abrirlo me dijo: No lo leas aún. Espera que salgamos. Yo sonreí y asentí.  No estaba acostumbrado a tal complicidad, pero me gustaba. La clase acabo con el profesor contando su ya conocida broma y risas iban llenando el salón al mismo tiempo que lo vaciaban. Fue al llegar fuera del instituto que en un momento conversando ella toma mi mano y me dice con una seriedad súbita mientras su mirada alegre se congelaba por un breve instante: Tengo que contarte algo. Me voy a estudiar a Estados Unidos. Creo que no volveremos a vernos. No tuve tiempo para asimilar el reciente anuncio cuando de repente un auto se detiene a pocos metros de nosotros. Ella me dio un beso en la mejilla  y subió rápidamente a él para luego asomar el rostro por la ventana y gritar: Ya puedes leerlo! Mientras el auto se alejaba abrí el libro y leí el mensaje. Estoy seguro que cualquier rostro que pudiera haber tenido hasta ese momento fue borrado por una nueva sonrisa que no vendría sola. Una luz se encendería desde ese momento en mi. El libro me acompañaría una par de meses más, pero aquella luz se convertiría en una estrella que buscaría cada noche mientras caminara el resto de mi historia.

Luces imborrables

¿Qué hace que una imagen, una fragancia o un sonido se impregne en tu mente? ¿Con qué combinación fantástica se entrelazan las vidas de las personas, cuales hilos luminosos, para generar un resplandor?

Pero, sobre todo, ¿cuántas de estas luces pueden iluminar cuales faros imborrables cada paso de tu vida? Un camino dibujado, de esos que si volteamos a lo lejos podemos verlo serpenteando entre los escondites de nuestras verdades.

En mi caso, solo bastó un lápiz y un sentimiento. Ángeles que utilizando carboncillo iluminaron mi vida y lograron tocarme en lo mas preciado e importante de mi. Divinas apariciones que supieron decifrarme para dejar una caricia en el alma y se fueron no sin antes dejar una luz en aquella idea que alguien pondría en palabras una tarde luego de un café y una lágrima.

***

Cerca de aquel parque que aún suelo frecuentar, empecé a ir todas las tardes a estudiar inglés. Fueron casi 4  años los que pase no solo aprendiendo un idioma. El instituto era más que una de esas casas pintorescas remodeladas para la enseñanza. Tenía dos pisos, pero era sumamente extensa. Alrededor de 20 salones conversaban entre ellos acompañados por un parque interno, comedor y oficinas, todas con un aire acogedor. Lo cierto es que era casi como estar en una segunda casa. Disfrutaba estar ahí, no lo sentía como una extensión de mis clases. Al contrario, era como un escape a la ya conocida rutina semanal de los salones escolares y profesores repetitivos. Una oportunidad para conocer nuevas personas cada mes y abrir puertas no solo de salones desconocidos y únicos sino también de historias inesperadas.

Fue en uno de estos primeros ciclos que conocí a la primera chica que dejaría un recuerdo en mi vida. Aún logro esbozarla en mi mente. Era del tipo de chicas difíciles de olvidar. Su cabello almendrado era acompañado por una mirada dulce, animada y cenicienta. Nos distanciaba un año de edad pero era como si nos conociéramos de siempre. Solíamos llegar 15 minutos antes y ella estaba ahí esperando para conversar de lo mas cosas mas tontas pero a la vez tan divertidas que puede tener una vida simple como las nuestras.

Llego el último día del ciclo y ella sutil pero segura tomó mi libro en plena clase. Abrió la cubierta y cogió un lápiz de esos amarillos con un adorno gracioso alrededor. Empezó a escribir mientras una sonrisa también se dibujaba en su rostro procurando que no pudiera ver nada. Luego de un par de minutos me devolvió el libro cerrado, pero al querer yo abrirlo me dijo:

No lo leas aún. Espera que salgamos.

Yo sonreí y asentí.  No estaba acostumbrado a tal complicidad, pero me gustaba. La clase acabo con el profesor contando su ya conocida broma y risas iban llenando el salón al mismo tiempo que lo vaciaban. Fue al llegar fuera del instituto que en un momento conversando ella toma mi mano y me dice con una seriedad súbita mientras su mirada alegre se congelaba por un breve instante:

Tengo que contarte algo. Me voy a estudiar a Estados Unidos. Creo que no volveremos a vernos.

No tuve tiempo para asimilar el reciente anuncio cuando de repente un auto se detiene a pocos metros de nosotros. Ella me dio un beso en la mejilla  y subió rápidamente a él para luego asomar el rostro por la ventana y gritar:

Ya puedes leerlo!

Mientras el auto se alejaba abrí el libro y leí el mensaje. Estoy seguro que cualquier rostro que pudiera haber tenido hasta ese momento fue borrado por una nueva sonrisa que no vendría sola. Una luz se encendería desde ese momento en mi. El libro me acompañaría una par de meses más, pero aquella luz se convertiría en una estrella que buscaría cada noche mientras caminara el resto de mi historia.

18
Preludio Un viejo amigo del cual por temas y destiempos ya no escucho hace mucho, me hizo una pregunta una noche de otoño, caminando hacia mi casa unos años atrás: A pesar de todo lo que has pasado, ¿por qué sigues creyendo en eso? Y fue por aquel “eso” tan magníficamente impregnado en mi esencia que respondí: Porque quiero creer. Porque necesito creer. *** Platicaba con una amiga hace un tiempo y un detalle saltó dentro de la conversación. Cuando eres niño eres capaz de absorber una cantidad incalculable de ideas, preceptos y hasta formas de actuar.  Muchas veces estas actitudes son formas naturales de buscar aceptación en el proceso de adentrarte en este macro paradigma que llamamos sociedad. Sin embargo, son solo unas pocas las que conscientemente logramos escribir en las hojas de nuestro diario personal. Quizás una frase que escuchamos en la radio. Las sabias palabras de un familiar. Unas lineas descritas en nuestro ahora ya libro favorito. O, por qué no, un diálogo en una escena en la televisión. No importa de donde provengan, estas imágenes o frases pueden quedar en ti y llegar a convertirse en un cobijo, parte de tu esencia personal. Yo tenia doce años cuando, casi sin pensarlo, anoté mentalmente una frase dicha por uno de mis personajes de ficción mas queridos hasta hoy en día. Podrá sonar un poco divertido, pero las palabras que dijo aquella noche mientras veía una pantalla iluminada resonaron en las paredes de mi mente y lograron calarse un lugar especial para los años que vendrían. A este personaje todos lo tildaban de diferente, desadaptado y en contra de todo precepto social frente a muchos temas. Pero a pesar que todo su entorno se comportaba y pensaba   de una manera distinta a él, no dejaba que nada quebrantase su espíritu ni por un solo instante. El creía en algo y estaba dispuesto a pasar su vida entera si era necesario tratando de encontrarlo. No trataba de complacer a nadie mas que a él mismo en ese aspecto. En pocas palabras, simplemente, él quería creer. Logré rescatar ese mensaje a mi corta edad pero aun no lograba encajarlo en algún lugar especial en mi día a día. Sin embargo, no tardaría mucho tiempo en pasar para que me distrajera y envolviera inevitablemente en una historia interminable y cautivante como solo lo es el amor. Pero fue luego de escuchar un sin número de historias, formas y contradicciones que concluí que no era posible para mi asimilar alguna de ellas. Algo en mi se rehusaba a caer en las distorsionadas y erosionadas por el tiempo formas de abrazarlo. Fue asi que decidí creer en algo distinto y especial. Una idea que verdaderamente me llenase de repente cuando más la necesitase y diera sentido a cada una de decisiones. Empecé a creer y hacer mía la idea de un amor único. A creer en la magia que puede aparecer entre dos personas por su sola cercanía.  ¿Por qué  no dar ternura, confianza y compartir sueños?. Ser capaz de mirar al cielo e imaginar que alguien esta mirando la misma estrella. Tan sencillo como encontrar excusas para no dejar de enamorarte un poco mas cada día. Sentir pasión. Lograr enamorarte de alguien locamente y que te ame de la misma forma. Sentirte totalmente cómodo en cada momento, gesto y sensación. Ya no importaba si es que parecía un tonto romántico al imaginar todo aquello. Tenia que proteger esta idea que iba formándose y defenderla a toda costa. De alguna manera podía reconocer que si no luchaba por un sentimiento así, una parte irremediable faltaría en mi vida. Y fue así que me dije una noche después de tanto pensar antes de dormir: Quiero creer.

Preludio

Un viejo amigo del cual por temas y destiempos ya no escucho hace mucho, me hizo una pregunta una noche de otoño, caminando hacia mi casa unos años atrás:

A pesar de todo lo que has pasado, ¿por qué sigues creyendo en eso?

Y fue por aquel “eso” tan magníficamente impregnado en mi esencia que respondí:

Porque quiero creer. Porque necesito creer.

***

Platicaba con una amiga hace un tiempo y un detalle saltó dentro de la conversación. Cuando eres niño eres capaz de absorber una cantidad incalculable de ideas, preceptos y hasta formas de actuar.  Muchas veces estas actitudes son formas naturales de buscar aceptación en el proceso de adentrarte en este macro paradigma que llamamos sociedad.

Sin embargo, son solo unas pocas las que conscientemente logramos escribir en las hojas de nuestro diario personal. Quizás una frase que escuchamos en la radio. Las sabias palabras de un familiar. Unas lineas descritas en nuestro ahora ya libro favorito. O, por qué no, un diálogo en una escena en la televisión. No importa de donde provengan, estas imágenes o frases pueden quedar en ti y llegar a convertirse en un cobijo, parte de tu esencia personal.

Yo tenia doce años cuando, casi sin pensarlo, anoté mentalmente una frase dicha por uno de mis personajes de ficción mas queridos hasta hoy en día. Podrá sonar un poco divertido, pero las palabras que dijo aquella noche mientras veía una pantalla iluminada resonaron en las paredes de mi mente y lograron calarse un lugar especial para los años que vendrían.

A este personaje todos lo tildaban de diferente, desadaptado y en contra de todo precepto social frente a muchos temas. Pero a pesar que todo su entorno se comportaba y pensaba   de una manera distinta a él, no dejaba que nada quebrantase su espíritu ni por un solo instante. El creía en algo y estaba dispuesto a pasar su vida entera si era necesario tratando de encontrarlo. No trataba de complacer a nadie mas que a él mismo en ese aspecto. En pocas palabras, simplemente, él quería creer.

Logré rescatar ese mensaje a mi corta edad pero aun no lograba encajarlo en algún lugar especial en mi día a día. Sin embargo, no tardaría mucho tiempo en pasar para que me distrajera y envolviera inevitablemente en una historia interminable y cautivante como solo lo es el amor.

Pero fue luego de escuchar un sin número de historias, formas y contradicciones que concluí que no era posible para mi asimilar alguna de ellas. Algo en mi se rehusaba a caer en las distorsionadas y erosionadas por el tiempo formas de abrazarlo. Fue asi que decidí creer en algo distinto y especial. Una idea que verdaderamente me llenase de repente cuando más la necesitase y diera sentido a cada una de decisiones.

Empecé a creer y hacer mía la idea de un amor único. A creer en la magia que puede aparecer entre dos personas por su sola cercanía.  ¿Por qué  no dar ternura, confianza y compartir sueños?. Ser capaz de mirar al cielo e imaginar que alguien esta mirando la misma estrella. Tan sencillo como encontrar excusas para no dejar de enamorarte un poco mas cada día. Sentir pasión. Lograr enamorarte de alguien locamente y que te ame de la misma forma. Sentirte totalmente cómodo en cada momento, gesto y sensación.

Ya no importaba si es que parecía un tonto romántico al imaginar todo aquello. Tenia que proteger esta idea que iba formándose y defenderla a toda costa. De alguna manera podía reconocer que si no luchaba por un sentimiento así, una parte irremediable faltaría en mi vida. Y fue así que me dije una noche después de tanto pensar antes de dormir: Quiero creer.

9
Es interesante como en el centro de tanto movimiento y distracción, puede ocultarse silenciosamente una presencia que puede cambiar tu vida. Aquí va una secreta explicación de una casi pública fascinación.
***
Hace varios años, de hecho cuando estaba en época colegial, salió en las noticias que estaban destruyendo un conocido lugar por muchos y desconocido para mi. La gente argumentaba que no era posible que desaparecieran un área verde para llevar a cabo esta creación excéntrica, prácticamente sacada de una película de ciencia ficción.
Lo cierto es que en el centro de este parque solitariamente se escondía, entre tanto diseño arquitectónico que quizás la opacaba, una hermosa estatua de un ángel. En ese entonces, yo aun niño, nunca había ido a dicho parque.  Fue así que por mi propia cuenta un día decidí ir hacia allá para confirmar todos aquellos rumores.
Llegar allí no me fue complicado. Lo difícil fue llegar al centro de aquella estructura y lograr darle un buen vistazo a aquella estatua. Por primera vez me adentre en un subterráneo de escaleras y pasadizos que me parecían interminables para finalmente llegar a centro de aquel popular óvalo. La sensación era única. Era como estar en el centro de una gran máquina mientras todo giraba mágicamente alrededor tuyo. Sin embargo, era relativamente apacible y calmado. Empece a caminar inspeccionando cada detalle, que a mi edad parecían maravillas. Y es así que alce mi vista. En el centro de esta máquina ideal se encontraba una preciosa imagen que marcaría el resto de mi vida. Una efigie angelical, para ser mas preciso un arcángel, se levantaba vistiendo su respectiva vestimenta de batalla. Quede totalmente fascinado ante tal obra de arte que el resto de la semana me dedique a averiguar que arcángel era aquel. Al averiguarlo, luego este se volvería más que mi favorito en una de mis interpretaciones favoritas: “Michael”.
Luego vendrían otros ángeles en mi vida. Ángeles que soñaba, ángeles que tocaba, ángeles que añoraría y de los que eventualmente caería enamorado. Algunos fugaces, otros más reales que otros… Pero un poco de eso en otro momento.


“Arcángel San Miguel” Escultor: Humberto Hoyos Guevara
Lugar: Ovalo Gutiérrez, Miraflores. Lima, Perú.
Foto: Víctor Mendivil
14
“Perdona, quiere, ama y se feliz. Vive y diviértete con cosas pequeñas. Brilla y demuéstrate a ti mismo que frente a todo, tú eres más y más grande. Haz de los detalles un símbolo de felicidad dentro de ti.”
El tiempo y los colores en movimiento Tengo un gran amigo que solia decirme hace muchos años: “Siempre hay tiempo para todo”. En aquel tiempo, aquella frase no cabía en mi mente. De alguna manera la sentía muy extraña o ajena a mi vida. Ahora entiendo porque y es que, en ese momento, no sentía que me sobraba el tiempo. Simplemente, no necesitaba más tiempo. He hecho incontables cosas en mi vida pensando que el tiempo fue y será siempre mi gran aliado. Esto es verdad, en un momento lo fue y a decir verdad creo que fue mi más grande compañero. Sin embargo, el tiempo por si solo no es absolutamente nada si no es que existe algo de su mano. El tiempo, en esencia, no es mas que una ventana en movimiento esperando mostrarte del otro lado multicolores experiencias y paisajes donde el único protagonista eres tú. Es en esta ventana donde puedes quedarte inmóvil mirando un solo punto. Puedes mantenerte admirando aquella imagen que puede transportarte o simplemente hacerte sentir que existe un lugar para ti en esta pintura de sensaciones y matices de emociones. En mi vida han habido momentos en los cuales mi vista, mi ser y mi alma entera sonreían a la imagen através de la ventana. Imágenes que luego me envolvían y sacaban a relucir lo mejor de mi. Fueron momentos como estos en los cuales el tiempo se mantenia oculto en las experiencias. Cuando uno disfruta algo el tiempo es lo de menos.   Sin embargo, el tiempo como tu amigo y aliado puede poseer dos de las facultades más cuestionables del universo: ser inquebrantable y silencioso. Uno no puede cambiar ni retorcer ni destruir el tiempo. Tampoco te dará señales de lo mucho, poco o nada que ha alargado su existencia. Quizás es por esto que necesitamos de tantos signos y mecanismos para recordarnos de su cambio. Estas dos características de nuestro amigo pueden llevarnos a decir erroneamente ¨No tengo tiempo para nada¨ o ¨Me falta tiempo¨. En algunos casos deseando tener mas tiempo para hacer otras cosas, en otros casos afirmando que no posees tiempo pero tampoco deseas cambiar mucho al respecto. Yo caí en este último caso. Ahora entiendo perfectamente la palabras de mi amigo. No importa la cantidad de tiempo que tengas. Tampoco importa la cantidad de cosas que hagas con él. Tan solo importa que al final del día, cuando solo tú y tus pensamientos sean los unicos presentes le hayas dedicado un poco de ti a los momentos, personas o sueños que son importantes para ti. Y sobre todo, nunca dejes que prestar atención a todos y cada uno de estos detalles solo porque uno de ellos en especial te fascina y el tiempo vuela cuando vives en él. Y es asi que él también solia decir: “Cuando en verdad quieres algo, el tiempo se hace.” Has que aquella ventana en movimiento muestre incontables lugares, matices, personas, colores y expresiones. No trates de detenerla o retrocederla. El tiempo, inquebrantable como solo él, continuará su camino. ¿Qué deseas que la ventana te muestre ahora?

El tiempo y los colores en movimiento

Tengo un gran amigo que solia decirme hace muchos años:

“Siempre hay tiempo para todo”.

En aquel tiempo, aquella frase no cabía en mi mente. De alguna manera la sentía muy extraña o ajena a mi vida. Ahora entiendo porque y es que, en ese momento, no sentía que me sobraba el tiempo. Simplemente, no necesitaba más tiempo.

He hecho incontables cosas en mi vida pensando que el tiempo fue y será siempre mi gran aliado. Esto es verdad, en un momento lo fue y a decir verdad creo que fue mi más grande compañero. Sin embargo, el tiempo por si solo no es absolutamente nada si no es que existe algo de su mano. El tiempo, en esencia, no es mas que una ventana en movimiento esperando mostrarte del otro lado multicolores experiencias y paisajes donde el único protagonista eres tú.

Es en esta ventana donde puedes quedarte inmóvil mirando un solo punto. Puedes mantenerte admirando aquella imagen que puede transportarte o simplemente hacerte sentir que existe un lugar para ti en esta pintura de sensaciones y matices de emociones.

En mi vida han habido momentos en los cuales mi vista, mi ser y mi alma entera sonreían a la imagen através de la ventana. Imágenes que luego me envolvían y sacaban a relucir lo mejor de mi. Fueron momentos como estos en los cuales el tiempo se mantenia oculto en las experiencias. Cuando uno disfruta algo el tiempo es lo de menos.  

Sin embargo, el tiempo como tu amigo y aliado puede poseer dos de las facultades más cuestionables del universo: ser inquebrantable y silencioso. Uno no puede cambiar ni retorcer ni destruir el tiempo. Tampoco te dará señales de lo mucho, poco o nada que ha alargado su existencia. Quizás es por esto que necesitamos de tantos signos y mecanismos para recordarnos de su cambio.

Estas dos características de nuestro amigo pueden llevarnos a decir erroneamente ¨No tengo tiempo para nada¨ o ¨Me falta tiempo¨. En algunos casos deseando tener mas tiempo para hacer otras cosas, en otros casos afirmando que no posees tiempo pero tampoco deseas cambiar mucho al respecto. Yo caí en este último caso.

Ahora entiendo perfectamente la palabras de mi amigo. No importa la cantidad de tiempo que tengas. Tampoco importa la cantidad de cosas que hagas con él. Tan solo importa que al final del día, cuando solo tú y tus pensamientos sean los unicos presentes le hayas dedicado un poco de ti a los momentos, personas o sueños que son importantes para ti. Y sobre todo, nunca dejes que prestar atención a todos y cada uno de estos detalles solo porque uno de ellos en especial te fascina y el tiempo vuela cuando vives en él.

Y es asi que él también solia decir:

“Cuando en verdad quieres algo, el tiempo se hace.”

Has que aquella ventana en movimiento muestre incontables lugares, matices, personas, colores y expresiones. No trates de detenerla o retrocederla. El tiempo, inquebrantable como solo él, continuará su camino.

¿Qué deseas que la ventana te muestre ahora?

1
“No intentes ser Superman” Necesito escribir. Más que necesitar, deseo expresarme sin sentir que mis pensamientos rebotan sobre una pared de concreto.  Es curioso como después de transcurrido tantos años y experimentado tantas veces las mismas sensaciones, aun me es difícil conciliar la idea de que algunas cosas en el mundo son imposibles de cambiar. Cuando era niño, cierta vez mi hermano mayor me escucho comentar del actuar de algunas personas, en ese entonces mis compañeros de clase. Mi nivel de consigna con un cambio ajeno podía llegar a una, inicialmente, leve frustración. Esta luego acabaría por impedir que completara mis tareas o deberes personales pues consideraba necesario que todo a mi alrededor debería estar “bien” antes de ocuparme de cualquier otro tema. Fue en un momento de estos que mi hermano al escucharme me dijo una frase que he llevado conmigo cada día de mi vida a partir de ese día: “No intentes ser Superman.” Superman desea salvar a cada una de las personas posibles a su alrededor. No importa si estas a un metro o a kilómetros de distancia; él puede escucharte con su Super Audición e ir a socorrerte. Sin embargo, ser Superman como ya se intuye, tiene una gran desventaja. Superman nunca puede ser completamente feliz. Por qué? Simple. Superman nunca puede salvar a todo el mundo. Es este impedimento el que le impide alcanzar su ataraxia dado que mientras salve personas, no importa cuantas sean, nunca serán suficientes. Y por si fuera poco, él tiene en muchas ocasiones que sacrificar mucho de si como su estado físico, laboral o emocional llegando a su vez, contradictoriamente, a poner en peligro a las personas que más ama. Son estas últimas las que también sufren las consecuencias de sus intentos de ser el superhéroe del planeta. En resumen, ser Superman no es una muy razonable opción de vida que digamos. Esta opción es muy noble, honorable y hasta por momentos gratificante, pero a menos que tengas “superpoderes”, no podrás realizarla a cabalidad. En lo que a mi respecta, intentar que las personas a mi alrededor vean el mundo de una manera mas sencilla o amigable para todos no es una tarea fácil. Menos para el niño de doce años de ese entonces. Cuantas veces incluso en mi propia familia podía yo presenciar conflictos de opiniones y pensar “Pero si es tan simple…”. Ahora, muchos años después de ese momento, aun me es difícil entender por qué ciertas personas pueden empecinarse en ciertas ideas tan tóxicas. Por qué algunas otras continúan sus acciones a pesar que todo lo que hacen les repercute para mal y les hace sufrir? Por qué las personas que mas quiero no ven las cosas de esa manera tan inocente, como ese niño de doce años tratando de salvar al mundo? Tuve que colgar mi capa en ese entonces o al menos disminuir mis momentos de super héroe paulatinamente más que nada por una simple razón. “Superman no puede salvar a todo el mundo.” Aprendí en ese entonces a reducir mi planeta a salvar a mi familia, amigos cercanos y posteriormente a la protagonista de mi diario. Quizás no siempre logre salvarlos del peligro, pero el hecho de estar ahí  e intentarlo me hacia sentir que de alguna manera no estoy dejando pasar mi vida simplemente como una persona más. Nunca he podido sentirme bien si estoy rodeado de infelicidad. Nunca he logrado entender esa arrogancia o superioridad ciega que obtiene la gente al crecer. Muchas veces con los años he pecado de Superman pero no me arrepiento ni un solo instante de ello. Irónicamente, son esos momentos los cuales me hacen sentir mas humano en mi vida. Eventualmente, con el pasar de los años agregaría a mi compromiso personal  una tarea de superhéroe planetario nuevamente. Hay veces es bonito y sobre todo inspirador imaginar que puedes encender una estrella más en el cielo de todos los que te rodean y en algún momento vendrán. Pero esa es una historia que te contaré en otro momento…

“No intentes ser Superman”

Necesito escribir. Más que necesitar, deseo expresarme sin sentir que mis pensamientos rebotan sobre una pared de concreto. 

Es curioso como después de transcurrido tantos años y experimentado tantas veces las mismas sensaciones, aun me es difícil conciliar la idea de que algunas cosas en el mundo son imposibles de cambiar.

Cuando era niño, cierta vez mi hermano mayor me escucho comentar del actuar de algunas personas, en ese entonces mis compañeros de clase. Mi nivel de consigna con un cambio ajeno podía llegar a una, inicialmente, leve frustración. Esta luego acabaría por impedir que completara mis tareas o deberes personales pues consideraba necesario que todo a mi alrededor debería estar “bien” antes de ocuparme de cualquier otro tema. Fue en un momento de estos que mi hermano al escucharme me dijo una frase que he llevado conmigo cada día de mi vida a partir de ese día:

“No intentes ser Superman.”

Superman desea salvar a cada una de las personas posibles a su alrededor. No importa si estas a un metro o a kilómetros de distancia; él puede escucharte con su Super Audición e ir a socorrerte. Sin embargo, ser Superman como ya se intuye, tiene una gran desventaja. Superman nunca puede ser completamente feliz. Por qué? Simple. Superman nunca puede salvar a todo el mundo. Es este impedimento el que le impide alcanzar su ataraxia dado que mientras salve personas, no importa cuantas sean, nunca serán suficientes. Y por si fuera poco, él tiene en muchas ocasiones que sacrificar mucho de si como su estado físico, laboral o emocional llegando a su vez, contradictoriamente, a poner en peligro a las personas que más ama. Son estas últimas las que también sufren las consecuencias de sus intentos de ser el superhéroe del planeta.

En resumen, ser Superman no es una muy razonable opción de vida que digamos. Esta opción es muy noble, honorable y hasta por momentos gratificante, pero a menos que tengas “superpoderes”, no podrás realizarla a cabalidad.

En lo que a mi respecta, intentar que las personas a mi alrededor vean el mundo de una manera mas sencilla o amigable para todos no es una tarea fácil. Menos para el niño de doce años de ese entonces. Cuantas veces incluso en mi propia familia podía yo presenciar conflictos de opiniones y pensar “Pero si es tan simple…”.

Ahora, muchos años después de ese momento, aun me es difícil entender por qué ciertas personas pueden empecinarse en ciertas ideas tan tóxicas. Por qué algunas otras continúan sus acciones a pesar que todo lo que hacen les repercute para mal y les hace sufrir? Por qué las personas que mas quiero no ven las cosas de esa manera tan inocente, como ese niño de doce años tratando de salvar al mundo?

Tuve que colgar mi capa en ese entonces o al menos disminuir mis momentos de super héroe paulatinamente más que nada por una simple razón.

“Superman no puede salvar a todo el mundo.”

Aprendí en ese entonces a reducir mi planeta a salvar a mi familia, amigos cercanos y posteriormente a la protagonista de mi diario. Quizás no siempre logre salvarlos del peligro, pero el hecho de estar ahí  e intentarlo me hacia sentir que de alguna manera no estoy dejando pasar mi vida simplemente como una persona más.

Nunca he podido sentirme bien si estoy rodeado de infelicidad. Nunca he logrado entender esa arrogancia o superioridad ciega que obtiene la gente al crecer. Muchas veces con los años he pecado de Superman pero no me arrepiento ni un solo instante de ello. Irónicamente, son esos momentos los cuales me hacen sentir mas humano en mi vida.

Eventualmente, con el pasar de los años agregaría a mi compromiso personal  una tarea de superhéroe planetario nuevamente. Hay veces es bonito y sobre todo inspirador imaginar que puedes encender una estrella más en el cielo de todos los que te rodean y en algún momento vendrán.

Pero esa es una historia que te contaré en otro momento…

1
Una nueva canción esta por comenzar Son las 9:00 p.m. Un chico camina por una calle conocida y apacible. Los árboles hablan entre si contándose  ávidamente los últimos secretos de amor. El viento corre silbando una canción tan suave que las inquietas aves comienzan a quedar dormidas. A lo lejos, los ladridos de un viejo perro dan la hora a cada segundo. Uno… Dos… Tres… Él continúa atravesando aquel lugar tan común pero único a la vez. Reconoce que el tiempo sigue en su lugar. Es conciente que cada latido posee el mismo sentimiento en esta noche. Es capaz de, a cada paso, sincronizar sus pensamientos al son de una canción familiar en sus oídos. Uno… Dos… Tres… La noche resplandece y los faroles inexpertos tratan de opacar su perfección. Sin embargo, se escuchan en armonía. Los dos se esparcen y juegan en un mismo lienzo que comparten sin prejuicios ni temores. Aquel chico se propone instintivamente a mezclarse en cada una de estas pinceladas de luz. Son solo pasos los cuales lo dividen entre mundos distintos y entrelazados musicalmente. De repente, sobre un trazo de luz, una gota de oscuridad penetrante cae sobre él cubriéndolo en menos de un parpadeo. La pintura ha cambiado, esta sucediendo de nuevo. Con un movimiento conocido, devela su muñeca una vez más. Ante él ahora esta un viejo reloj, sabio solo en una materia. Un reloj que ahora mismo decide contar algo más que su perpetua tarea simplemente guardando silencio. Aún envuelto en un abrazo ausente de color, el chico ahora sonríe no solo para él sino también para el artista y se dispone a contar: Uno… Dos… Tres… La gota regresa a su origen sin dar lugar a un solo matiz más. La noche, enigmáticamente, no logra recordar en absoluto esta pausa perfecta. Para todos, el tiempo siempre estuvo y sigue en su lugar. Excepto, quizás, para aquel chico que ahora camina a lo lejos, casi bordeando el marco de esta obra maestra. Con otro movimiento casi simétrico y expectante retira una de sus manos de su bolsillo. “Una nueva canción esta por comenzar”, dice sonriendole a una pantalla iluminada. En: Tres… Dos… Uno…

Una nueva canción esta por comenzar

Son las 9:00 p.m. Un chico camina por una calle conocida y apacible. Los árboles hablan entre si contándose  ávidamente los últimos secretos de amor. El viento corre silbando una canción tan suave que las inquietas aves comienzan a quedar dormidas. A lo lejos, los ladridos de un viejo perro dan la hora a cada segundo.

Uno… Dos… Tres…

Él continúa atravesando aquel lugar tan común pero único a la vez. Reconoce que el tiempo sigue en su lugar. Es conciente que cada latido posee el mismo sentimiento en esta noche. Es capaz de, a cada paso, sincronizar sus pensamientos al son de una canción familiar en sus oídos.

Uno… Dos… Tres…

La noche resplandece y los faroles inexpertos tratan de opacar su perfección. Sin embargo, se escuchan en armonía. Los dos se esparcen y juegan en un mismo lienzo que comparten sin prejuicios ni temores. Aquel chico se propone instintivamente a mezclarse en cada una de estas pinceladas de luz. Son solo pasos los cuales lo dividen entre mundos distintos y entrelazados musicalmente. De repente, sobre un trazo de luz, una gota de oscuridad penetrante cae sobre él cubriéndolo en menos de un parpadeo. La pintura ha cambiado, esta sucediendo de nuevo. Con un movimiento conocido, devela su muñeca una vez más. Ante él ahora esta un viejo reloj, sabio solo en una materia. Un reloj que ahora mismo decide contar algo más que su perpetua tarea simplemente guardando silencio. Aún envuelto en un abrazo ausente de color, el chico ahora sonríe no solo para él sino también para el artista y se dispone a contar:

Uno… Dos… Tres…

La gota regresa a su origen sin dar lugar a un solo matiz más. La noche, enigmáticamente, no logra recordar en absoluto esta pausa perfecta. Para todos, el tiempo siempre estuvo y sigue en su lugar. Excepto, quizás, para aquel chico que ahora camina a lo lejos, casi bordeando el marco de esta obra maestra. Con otro movimiento casi simétrico y expectante retira una de sus manos de su bolsillo. “Una nueva canción esta por comenzar”, dice sonriendole a una pantalla iluminada. En:

Tres… Dos… Uno…

1
En un destello… Todas y cada una de las personas en el mundo en algún momento se crean un ideal. En algún instante se detuvieron siquiera por cinco segundos y se plantearon un objetivo, una meta o un sueño.  Pequeños deseos o sueños lejanos dirigen la vida de cada persona en una autopista de vidas que colisionan a cada segundo. Y es así que, en un destello, se generan los accidentes más maravillosos e inesperados.  Pero, ¿qué es lo que sueña un niño? ¿Qué es lo que desea un adulto? ¿O es posible acaso que ellos aun sigan soñando?  ***  No soy del tipo de personas que tienen recuerdos a una edad muy temprana. He escuchado relatos donde personas cuentan tener memoria de sus primeros pasos o sus primeros paseos. Francamente, siempre lo dude, pero tampoco descarto la posibilidad de la existencia de memorias tan increíbles como aquellas.  En mi caso, mis recuerdos de niñez son más como fotografías en mi mente. Como aquellas que buscas en un diario y cuando logras encontrarlas se animan mágicamente para ti, pero solo un par de segundos. Una de ellas es estar yo en una alta silla de comer en la cocina de mi casa. Tendría quizás dos años y me encantaba ver cocinar a mi madre. Fue en esos momentos en los cuales adquirí el gusto por comer un simple tomate o un trozo de apio que ella me regalaba mientras cocinaba y cantaba escuchando música. Para mí, en ese tiempo, aquellos eran los mejores dulces e instantes que pudieran regalarme.  Mis memorias viajan rápidamente a una clara imagen de mí corriendo y riendo por el pasadizo  a los tres años y ejecutando las más temibles travesuras en mi mascota “Tusca”. Era una perrita de color negro con pelo esponjado como el de una oveja de aquellos cuentos con moraleja. Ella poseía los años y la paciencia que solo mis dos hermanos podrían haberle regalado hasta mi llegada a la familia.  Es solo un par de años después que los primeros recuerdos constantes y enlazados aparecen en mi historia personal. Todo se inicia cuando en mi cumpleaños número cinco recibo un regalo tres veces más grande que yo. Me hice poseedor de una cama que recuerdo haber acompañado a desempacar y armar. Claro, para mi pequeño mundo, yo tan solo me fascinaba con colaborar pasando las partes necesarias que me cabían en las manos como tornillos y demás.  Aquella cama en mi mundo peculiar se convertiría en mucho más que un simple mueble inanimado. Era poseedora de tres cajones en su parte inferior los cuales protegían mis más grandes tesoros de juguete y diversión. Sin embargo, estos 3 compartimentos casi secretos no poseían aún algún distintivo digno de una guarida de tales magnitudes. Mi hermano mayor, que por ese tiempo tenia ya dieciocho años, trabajaba dando clases de inglés a la hija de una familia que luego se haría acreedora a un detalle importante en su vida. Ellos vivían en un edificio el cual mi hermano descendía a través de las escaleras de emergencia. ¿Por qué? Nunca se lo pregunté. Quizás por su mismo instinto de realizar las cosas de una manera distinta. Lo interesante sucede al presentarse él un día en la casa con un regalo un tanto inusual, muy a su estilo. Desenvuelve cuidadosamente un rollo y se presenta ante mí una gran flecha amarilla adornada por un color negro que la hacia resaltar aun más. “Así puedes tener una señal especial ahora”, me dijo. Su tamaño era perfecto para mis cajones. El detalle más estupendo de todos era que al caer la noche aquella asombrosa flecha adquiría una brillantez fosforescente única, no solo haciendo honor a su tarea de guardiana, sino también acompañándome al caer la noche cuando no podía dormir. Cual habrá sido mi rostro de alegría en ese momento que luego de ayudarme a colocarla me prometió traerme otras dos para cada uno de los otros cajones. Fue entonces que mi hermano tomo prestado, por así decirlo, otras dos flechas de aquel edificio cada semana consecutiva.  Mis recuerdos mas preciados, sin embargo, tuvieron como protagonista a mi padre en ese entonces. Todas las noches, antes de irme a dormir, el se sentaba a mi lado estando yo ya acostado y me contaba las mas grandes y fantásticas historias y cuentos que puedo recordar. Cada una de ellas sacadas de su mente y diferente a la anterior. Cada cierto tiempo me contaba incluso historias de su vida, aventuras y viajes que alguna vez él o mi abuelo realizaron. Fueron en esos días en los que empecé a soñar por primera vez, primero imaginando cada una de aquellas historias de una manera única. Cada detalle, cada lugar y cada personaje en mi mente tomaban vida para después crear un sueño especial.  Fue en una noche de tanto soñar que un fragmento de esos sueños se convirtió en un sueño propio. Una idea se iría transformando y luego quedaría perdida hasta muchos años después. Luego esta seria encontrada temporalmente por mí solo para ser perdida de nuevo en lo cotidiano y voraz de esta vida. Un sueño que ahora despierta una vez más.   Porque si un sueño es verdadero y en algún momento encuentra ese destello, puede luchar contra todo y estar siempre encendido. Porque hay veces que lo único que necesitas es ver a tu  sueño hecho realidad soñando una noche de madrugada para saber que es todo lo que en verdad quieres en tu vida.

En un destello…

Todas y cada una de las personas en el mundo en algún momento se crean un ideal. En algún instante se detuvieron siquiera por cinco segundos y se plantearon un objetivo, una meta o un sueño. 

Pequeños deseos o sueños lejanos dirigen la vida de cada persona en una autopista de vidas que colisionan a cada segundo. Y es así que, en un destello, se generan los accidentes más maravillosos e inesperados. 

Pero, ¿qué es lo que sueña un niño? ¿Qué es lo que desea un adulto? ¿O es posible acaso que ellos aun sigan soñando? 

*** 

No soy del tipo de personas que tienen recuerdos a una edad muy temprana. He escuchado relatos donde personas cuentan tener memoria de sus primeros pasos o sus primeros paseos. Francamente, siempre lo dude, pero tampoco descarto la posibilidad de la existencia de memorias tan increíbles como aquellas. 

En mi caso, mis recuerdos de niñez son más como fotografías en mi mente. Como aquellas que buscas en un diario y cuando logras encontrarlas se animan mágicamente para ti, pero solo un par de segundos. Una de ellas es estar yo en una alta silla de comer en la cocina de mi casa. Tendría quizás dos años y me encantaba ver cocinar a mi madre. Fue en esos momentos en los cuales adquirí el gusto por comer un simple tomate o un trozo de apio que ella me regalaba mientras cocinaba y cantaba escuchando música. Para mí, en ese tiempo, aquellos eran los mejores dulces e instantes que pudieran regalarme. 

Mis memorias viajan rápidamente a una clara imagen de mí corriendo y riendo por el pasadizo  a los tres años y ejecutando las más temibles travesuras en mi mascota “Tusca”. Era una perrita de color negro con pelo esponjado como el de una oveja de aquellos cuentos con moraleja. Ella poseía los años y la paciencia que solo mis dos hermanos podrían haberle regalado hasta mi llegada a la familia. 

Es solo un par de años después que los primeros recuerdos constantes y enlazados aparecen en mi historia personal. Todo se inicia cuando en mi cumpleaños número cinco recibo un regalo tres veces más grande que yo. Me hice poseedor de una cama que recuerdo haber acompañado a desempacar y armar. Claro, para mi pequeño mundo, yo tan solo me fascinaba con colaborar pasando las partes necesarias que me cabían en las manos como tornillos y demás. 

Aquella cama en mi mundo peculiar se convertiría en mucho más que un simple mueble inanimado. Era poseedora de tres cajones en su parte inferior los cuales protegían mis más grandes tesoros de juguete y diversión. Sin embargo, estos 3 compartimentos casi secretos no poseían aún algún distintivo digno de una guarida de tales magnitudes.

Mi hermano mayor, que por ese tiempo tenia ya dieciocho años, trabajaba dando clases de inglés a la hija de una familia que luego se haría acreedora a un detalle importante en su vida. Ellos vivían en un edificio el cual mi hermano descendía a través de las escaleras de emergencia. ¿Por qué? Nunca se lo pregunté. Quizás por su mismo instinto de realizar las cosas de una manera distinta. Lo interesante sucede al presentarse él un día en la casa con un regalo un tanto inusual, muy a su estilo. Desenvuelve cuidadosamente un rollo y se presenta ante mí una gran flecha amarilla adornada por un color negro que la hacia resaltar aun más. “Así puedes tener una señal especial ahora”, me dijo. Su tamaño era perfecto para mis cajones. El detalle más estupendo de todos era que al caer la noche aquella asombrosa flecha adquiría una brillantez fosforescente única, no solo haciendo honor a su tarea de guardiana, sino también acompañándome al caer la noche cuando no podía dormir. Cual habrá sido mi rostro de alegría en ese momento que luego de ayudarme a colocarla me prometió traerme otras dos para cada uno de los otros cajones. Fue entonces que mi hermano tomo prestado, por así decirlo, otras dos flechas de aquel edificio cada semana consecutiva. 

Mis recuerdos mas preciados, sin embargo, tuvieron como protagonista a mi padre en ese entonces. Todas las noches, antes de irme a dormir, el se sentaba a mi lado estando yo ya acostado y me contaba las mas grandes y fantásticas historias y cuentos que puedo recordar. Cada una de ellas sacadas de su mente y diferente a la anterior. Cada cierto tiempo me contaba incluso historias de su vida, aventuras y viajes que alguna vez él o mi abuelo realizaron. Fueron en esos días en los que empecé a soñar por primera vez, primero imaginando cada una de aquellas historias de una manera única. Cada detalle, cada lugar y cada personaje en mi mente tomaban vida para después crear un sueño especial. 

Fue en una noche de tanto soñar que un fragmento de esos sueños se convirtió en un sueño propio. Una idea se iría transformando y luego quedaría perdida hasta muchos años después. Luego esta seria encontrada temporalmente por mí solo para ser perdida de nuevo en lo cotidiano y voraz de esta vida. Un sueño que ahora despierta una vez más.  

Porque si un sueño es verdadero y en algún momento encuentra ese destello, puede luchar contra todo y estar siempre encendido. Porque hay veces que lo único que necesitas es ver a tu  sueño hecho realidad soñando una noche de madrugada para saber que es todo lo que en verdad quieres en tu vida.

1
1